Turismo y su aproximación al Valle de Aconcagua.

 

El turismo es una actividad humana ligada a los viajes donde el esparcimiento tiene una

participación relevante, con un diverso y dinámico concepto evolutivo que incorpora

elementos económicos, culturales, ambientales, espaciales, enriquecidos con aportes de

diversas disciplinas y, más aún, con experiencias personales, aprendizaje e interacción con

los habitantes.

Para conocer dónde surge el concepto, debemos remontarnos a principios del siglo XIX,

cuando se comienzan a utilizar los términos turismo y turista. Tanto en su raíz francesa «tour»

como en su extranjerismo hacen referencia al sinónimo de viaje circular, origen de los

desplazamientos de aquel primer turismo aristocrático del siglo XVIII. Durante el siglo XX,

producto de la expansión del fenómeno social del turismo y los procesos económicos

asociados a los viajes, son numerosas las investigaciones realizadas en el campo de esta

actividad que otorgan variadas definiciones sobre todo de autores europeos.

En Chile, el Servicio Nacional de Turismo, SERNATUR, utiliza la definición de la

Organización Mundial del Turismo, que lo define como “el conjunto de actividades realizadas

por las personas durante sus viajes y permanencias en lugares distintos al de su entorno

habitual, por un período de tiempo consecutivo inferior a un año, por motivos diferentes al de

ejercer una actividad remunerada en el lugar visitado».

Frente a las diversas definiciones de la palabra, es posible identificar los componentes

esenciales que lo integran: espacial, temporal y motivacional. El turismo, ante todo, es una

actividad de eminente dimensión espacial. El desplazamiento es algo inherente, por lo que

surgen las interrogantes hacia dónde, desde dónde y hasta dónde, comprendiendo que los

viajes se desarrollan fuera del lugar de residencia habitual o de lugares distintos al de su

entorno habitual.

Importante es destacar que el turista consume bienes y servicios desde antes de iniciar su

viaje, durante y posteriormente, razón por la que se suele acotar a actividades de índole

económico. No obstante, también debe analizarse desde los aspectos sociales, culturales,

educativos, políticos y ambientales, por ello es insuficiente acotarlo exclusivamente como

actividad económica.

El turismo hoy es una fuente de empleo y está dentro de las actividades de más rápido

crecimiento, tanto en el mundo como en Chile, teniendo amplias virtudes de gestionarse bien,

por cuanto rescata, revaloriza y potencia el patrimonio, la identidad, las tradiciones y la

cultura local de los territorios; destaca y pone en valor la naturaleza, la belleza escénica y

paisajística; genera empleo, dinamiza e impulsa la economía local; pretende ser armónico

con el entorno y los recursos naturales, lo cual denota una actividad responsable con el

medio, cuyos impactos ambientales son menos significativos comparados con otras

actividades económicas que explotan, indiscriminadamente, nuestra riqueza natural y

ambiental.

Debido a las características que posee el Valle de Aconcagua, en él se desarrolla un Turismo

de Intereses Especiales, que moviliza personas a conocer rasgos específicos de una zona de

acuerdo a sus inquietudes personales -contrario al turismo de masas-, que incluye al turismo

de naturaleza, patrimonial, rural, cultural, enoturismo, de aventura, medicinal, entre otros y,

que posee potencial para el desarrollo del turismo religioso, gastronómico y astronómico.

Respecto a su ciclo de vida, el destino turístico Valle de Aconcagua se encuentra en fase de

exploración, con lo que las expectativas son crecientes en los próximos años, hecho de

relevancia ante un escenario de posible reconversión productiva, sobre todo apuntando a la

sostenibilidad de esta actividad en sus pilares fundamentales: ambiental, social y económico.

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