Aves Rapaces: Belleza imponente de las montañas. La importancia de su conservación y su rol como controladores biológicos.

 

Las aves rapaces son especies predadoras, es decir que cazan sus presas

(alimentos), aunque algunas de ellas consumen animales muertos o carroña.

Estas especies son clasificadas como «rapaces diurnas», (denominadas

científicamente Falconiformes), son las aves que cazan de día, ejemplo de ellas

son el cóndor, halcones, peuco, águila.

Otras son las «aves rapaces nocturnas» (Estrigiformes), las cuales cazan cuando

sus presas están activas, entre el crepúsculo y el amanecer, ejemplo son la

lechuza blanca, el tucúquere, el concón, el pequén, entre otros.

Estas aves están ubicadas en lo alto de la cadena o pirámide de alimentación

(llamada también cadena trófica), por lo tanto, realizan valiosas funciones para

mantener la armonía de los ecosistemas.

Son «especies clave», ya que su ausencia o remoción produce un desequilibrio en

la diversidad de las comunidades presas. También son «especies paragüas»,

puesto que poseen amplios territorios de caza, por lo tanto, con altos

requerimientos de hábitat, donde su conservación ayuda a la conservación de

otras especies. A su vez son «especies controladores biológicos», prestando gran

utilidad para el control de plagas, que podrían perjudicar la salud pública, cultivos

y/o almacenamiento de alimentos 1 .

Aunque posean estas beneficiosas propiedades, muchas de estas especies

rapaces presentan problemas de conservación, generalmente por el

desconocimiento de su importante función en los ecosistemas y en la salud

pública.

Las instituciones del Estado y las Universidades han trabajado en estudios de

conservación de las aves rapaces, a través de la generación de proyectos de

Investigación y Gestión Ambiental Local, logrando mejorar la identificación y

valoración de las aves rapaces por parte de las comunidades humanas,

recuperando el conocimiento respecto a sus amenazas y sus estados de

conservación, y de esta manera asegurar la calidad de vida de los habitantes y

visitantes de los espacios rurales.

Interesantes proyectos se han llevado a cabo en zonas con riesgo de contagio con

Hantavirus, trabajando en la instalación de casas para anidación de la lechuza

blanca (principal predador del ratón de cola larga), lo que ha favorecido su

presencia en áreas donde sus poblaciones estaban disminuidas. En zonas de

cultivos se ha trabajado con las instalación de posaderos para aves rapaces,

implementando controles biológicos de roedores y conejos y liebres (éstos últimos

denominados científicamente como lagomorfos).

Otra importante amenaza para la conservación de estas aves, debido al creciente

desarrollo económico actual, es el aumento desproporcionado de grandes

tendidos eléctricos en diferentes paisajes y territorios, donde muchas de estas

aves sufren de electrocución, donde se veían principalmente dañadas aves de

amplia envergadura como águilas, peucos y cóndores, entre otras. Como

consecuencia de estos impactos, se han demandado e implementado exigencias

en las Evaluaciones de Impacto Ambiental, donde las empresas han debido

instalar posaderas para evitar estos accidentes.

Investigadores y educadores debemos generar una actitud positiva para la

conservación de estas aves, entregando conocimientos básicos, tanto a la

comunidad local como a los turistas que visitan el Valle de Aconcagua, la Región

de Valparaíso y el área andina en general, acerca de la identificación de las aves

rapaces, su imponente belleza y explicar las repercusiones que la disminución de

sus poblaciones podría desencadenar en la salud pública, como su importancia en

la mantención del equilibrio de los ecosistemas. Si conservamos estas especies,

podríamos disminuir el uso de sustancias venenosas para roedores, y evitaríamos

el circulo vicioso de envenenamiento de estos y otros depredadores silvestres que

se alimentan de roedores.

Las aves rapaces, tanto diurnas como nocturnas, son un significativo Patrimonio

Natural, y son un importante atractivo para el desarrollo del turismo ornitológico.

Debemos reconocer y conservar, para educar, mantener el equilibrio de los

ecosistemas y evitar repercusiones en la salud pública.
Doris Sanhueza, Área de Patrimonio Natural, Centro de Investigación en Turismo

y Patrimonio, www.cityp.org

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