La pandemia mundial ocasionada por el virus SARS-CoV-2 ha relevado nuevamente en nuestro país
la importancia de la salud y seguridad ocupacional. Frente a este tema, el rol de quienes
acompañamos a las empresas desde el año 1968 en la Seguridad Laboral ha instaurado el desafío
de sumar un nuevo riesgo a la salud laboral para proteger la vida de las y los trabajadores.
Como antecedente, es importante evidenciar que, si se compara el 2019 con el 2020 en materia
de licencias médicas por enfermedades profesionales, éstas se han incrementado para el ISL en un
332%, solo por efecto de casos de contagio Covid-19 y contacto estrecho.
Más aún, durante el período comprendido entre enero y mayo del año en curso, ya hemos
recibido 11.209 licencias de enfermedades (un 816% superior al mismo periodo 2020,
considerando que el año anterior se comenzaban a evidenciar los primeros contagios a contar de
marzo), lo que da cuenta de un incremento exponencial de licencias médicas derivadas de la
pandemia y de las externalidades que ésta ha generado en diversos ámbitos de la salud de los
trabajadores.
Esta realidad, implica asumir de manera urgente la tarea de generar sinergia entre los centros de
trabajo, el personal y su mutualidad u organismo administrador, instaurando una cultura de la
prevención y del autocuidado, donde todos somos protagonistas.
Hoy podemos avizorar con confianza la instalación de una cultura preventiva en torno al virus con
la promulgación de la Ley 21.342 implementada hace pocas semanas, la cual regula de manera
normativa la obligatoriedad de las empresas de instaurar un retorno seguro para las y los
trabajadores de nuestro país, cuestión que hoy, es una tarea de todos.
Manuel Cañón Pino
Director Nacional, Instituto de Seguridad Laboral