Estudiantes del CFT Santo Tomás Viña del Mar participaron de olla solidaria en Villa Independencia.

 

Durante una semana, alumnos y alumnas de la carrera de Gastronomía Internacional
y Tradicional Chilena apoyaron a la cocina solidaria que funciona en el sector desde
los incendios de febrero.

Como una manera de entregarle un descanso a los integrantes de la cocina solidaria que
funciona en Villa Independencia, estudiantes de la carrera de Gastronomía Internacional y
Tradicional Chilena del Centro de Formación Técnica de Santo Tomás Viña del Mar prepararon
durante una semana las raciones que se entregan para las familias que lo necesitan.
Esta olla común lleva más de tres meses funcionando de manera ininterrumpida con aportes
que realizan personas particulares y algunas empresas, lo que les permite entregar cientos de
almuerzo a quienes aún no cuentan con los implementos o las viviendas donde poder cocinar.
“El segundo día del incendio partimos en el Sporting, entregando desayunos, almuerzos y
cenas para los miles de bomberos que llegaron a combatir el fuego”, explica, José Onetto,
director del Área de Gastronomía y Turismo del CFT Santo Tomás Viña del Mar. “Ahí nació la
idea de hacer una cocina social, para que los alumnos aprendiera que podíamos llegar cocina
chilena a una mesa distinta y también ayudar a los damnificados que todavía no pueden
cocinar”.
Además de los estudiantes de Santo Tomás Viña del Mar, se sumaron estudiantes de la carrera
de Gastronomía Internacional del DUOC, formando equipos en la preparación de las distintas
recetas.
En total, prepararon 500 raciones diarias durante una semana, entre las que se contaron pollo
al jugo con arroz, tallarines con boloñesa vegetal y otras recetas básicas que se planificaron en
base de las donaciones de la olla solidaria.
Erna Pérez, damnificada de los incendios del dos y tres de febrero pasado también colabora en
esta cocina solidaria. “Para mí ha sido algo maravilloso venir a cooperar para ayudarlas a ellas.
Los niños de Santo Tomás son muy dulces, muy atentos y cordiales en la atención a la
comunidad y para nosotros es maravilloso que nos vengan a cooperar, me siento satisfecha
que me hayan acogido aquí y que con mis manos pueda entregar un grano de arena para la
gente”.

Fue una gran experiencia para los y las estudiantes, quienes tuvieron que aprender a cocinar
grandes raciones y planificar con los ingredientes disponibles.
“Inventamos de todo”, cuenta Yélida Rosas, alumna de segundo año de Gastronomía
Internacional y Tradicional Chilena. “La verdad es que fue grato tener esa nueva experiencia de
cocinar para gran cantidad de personas en fondos grandes, fue muy gratificante en lo personal
y para mis compañeros también”.
Bastián Vásquez, alumno de segundo año de la carrera reconoció que fue un desafío preparar
todo bajo la presión de la cocina. “Estaba nervioso al principio, pero no era una cocina
profesional, era otro ambiente, una cocina mucho más familiar, más acogedora, fue una
experiencia muy grata. Hay harta presión, harta velocidad, se exige bastante y hay que estar
preparado física y mentalmente”.